LA ENTREVISTA CON ALBERTO NÚÑEZ PALACIO

III parte

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Ciudad de México, 30 de enero de 2020.- Con esta tercer y última parte se cierra este entretenido ciclo de nuestra entrevista epistolar con el maestro Alberto Núñez Palacio, la cual más que un ejercicios de pregunta respuesta, ha caído en este célebre intercambio de cartas entre una servidora y el maestro.

Vaya personaje escondido argentino-mexicano que la música tiene habitando en nuestra tierra. Y es que era necesario conocer el origen, procedencia y anecdotario musical de la rítmica pluma de Alberto. Aquí les dejo pues este gran relato epistolar que emana de la curiosidad de una curiosa periodista.

“En lo relativo a la música de concierto, quiero expresar  mi  agradecimiento a Marcos Lifshitz, un muy buen compositor mexicano.   En la década de los años 90 existía en el DF una organización de promoción musical llamada Sociedad Filarmónica y de Conciertos de la Ciudad de México, a la cual Marcos estaba ligado.  Él me invitó a realizar varios trabajos con dicha organización.

Con la participación como arreglistas de  él, Eugenio Toussaint, Gerardo Tamez, Chucho Ferrer y yo, grabamos una colección completa de canciones populares mexicanas, a razón de 14 arreglos sinfónicos por arreglista.  Las maratónicas sesiones de grabación  de este copioso material se realizaron adjudicando a cada tema sólo 30 minutos para ensayo y grabación.

No había presupuesto para un minuto más, performance que llevó a cabo con notable eficiencia el maestro Eduardo Álvarez, conductor de la orquesta.

Pero las dos cosas más importantes que debo agradecer a Marcos son que  me invitó a estrenar una obra sinfónica y me presentó al director que iba a dirigirla: Eduardo Diazmuñoz, en mi opinión, el mejor y al que desde entonces me une una profunda amistad.

Lo primero que hizo Eduardo fue darme una lección inolvidable.  Un par de semanas antes de la fecha del estreno vino a mi estudio para  que yo le entregase el score y las particellas de mi sinfonía.  Yo, excitadísimo por la proximidad del estreno,  comencé a hablarle de la obra, comentando y explicando compás tras compás.  Él me escuchaba pacientemente.  Cuando llegamos a la última hoja de la partitura señaló la doble raya final y me dijo: ¿Hasta aquí llegaste, verdad? – Sí – le contesté.  Me miró como quien le tiene que explicar a alguien algo terriblemente obvio y me dijo: – Pues bien, a partir de aquí empiezo yo –

Fue una clara lección de identidad artística.  Todo lo que le había explicado no necesitaba explicación: ya estaba indicado en la partitura.  Lo que faltaba era él, su impronta, su recreación enriquecedora.   Es decir, todos aquellos detalles sutiles que hacen que la misma secuencia de notas de una misma obra, suena diferente según quién la ejecute.

Así fue como en la temporada 1992 de la Orquesta Sinfónica de la Sociedad Filarmónica de la Ciudad de México, se estrenó mi «Sinfonía Popular», en la sala Nezahualcóyotl, bajo la conducción del maestro Eduardo Diazmuñoz y con sala repleta, 2200 espectadores, aproximadamente.

En 1983, el fin de  la dictadura militar  argentina y el regreso de la democracia posibilitó que pudiésemos regresar a nuestro país y visitar a nuestros parientes y amigos. Lo fuimos haciendo por turnos.

Por motivos de trabajo fui el  último en viajar y lo hice en diciembre del año 1998.  No me gustó mucho lo que vi.  Bajo el gobierno de Menem, Argentina    se había  convertido  en un país culturalmente muy diferente al que yo había dejado.  Habían desaparecido ciertas costumbres de clara connotación nacional, que eran parte de nuestro ADN, en aras de un forzado pseudo «modernismo»  de rasgos indefinidos e impersonales.

A mediados de mes, recibí un llamado telefónico de Mercedes, mi esposa, desde México, comunicándome que un tal Roberto Limón, de la Orquesta de Baja California (OBC), solicitaba mis servicios como arreglista.  No lo pensé dos veces.

Insatisfecho con el país,  satisfecho en el reencuentro con mis afectos y ahíto de asados y exquisitas pastas, había comenzado a extrañar las enchiladas.  Así fue como el 31 de diciembre de 1998 por la noche subí al avión que me depositaría al año siguiente -1 de enero de 1999 – en la ciudad de México.

Inmediatamente me puse en contacto con la OBC.  El maestro Roberto Limón,   brillante concertista de guitarra, era además  en ese entonces Director Ejecutivo de la orquesta.  Deseaba incluir en el  repertorio de la OBC el concierto «Homenaje a Leja» de Astor Piazzolla, compuesto para guitarra, bandoneón y orquesta de cuerdas.  Pero la obra no era compatible con la formación de cámara de la OBC constituida por un sexteto de alientos y sólo un quinteto de cuerdas. Tampoco quería que la programación  siempre estuviese supeditada a la contratación de un bandoneonista invitado.

O sea que había que convertir lo que Astor  Piazzolla había escrito para bandoneón, guitarra y una formación de 60 cuerdas, en un concierto sólo para guitarra y orquesta de cámara.    Pidió consejo a Eduardo Diazmuñoz, quién le dijo que yo era la persona indicada para realizar ese trabajo.

Así fue como se inició una etapa entrañable.  Realizado el trabajo viajé a Tijuana para dirigir el estreno de la obra.  Quedé fascinado con la excelencia de la orquesta y la interpretación que Roberto hizo de la obra, mejor que la versión original.  Descubrí  que se les podía escribir  sin los típicos miedos precautorios que asaltan a los autores y arreglistas cuando les toca trabajar con  formaciones orquestales pequeñas.

La OBC era una orquesta de solistas magníficamente ensamblados entre sí.   Por otra parte, y pese a haber tenido un pasado aparentemente brillante en mi país como guitarrista, yo nunca había podido superar ciertas deficiencias técnicas que me obligaban, como intérprete, a limitar mis propias composiciones para el instrumento.

Pero siempre supe que la técnica no es el arte. Es más, quien valora a alguien por la velocidad de sus dedos confunde el arte con la gimnasia.  La destreza técnica sólo sirve en la medida en que permite que  una emoción invisible fluya por los dedos del intérprete a anidar en el oyente. Esa menor o mayor capacidad de transmisión es lo que diferencia a un intérprete de otro, ante una misma partitura.   Roberto Limón es un excelente guitarrista no por su técnica, que la tiene, sino porque es Roberto Limón.

Desde del estreno del concierto de Astor Piazzolla, comenzó una relación  de trabajo casi permanente con la OBC.   El siguiente trabajo fue la composición de una obra a ejecutarse en el concierto de  apertura del Festival Internacional de Guitarra, evento anual que también comandaba el maestro Roberto Limón.

Así nació mi «Concierto del Sur al Norte», para guitarra y orquesta, pensado como una ofrenda del país más austral al país más septentrional de la Patria Grande Latinoamericana.   En ese entonces la OBC no tenía director titular y por lo tanto yo viajaba permanentemente del DF a Tijuana para dirigir mis propias obras.   Por suerte poco después se sumó, al principio como invitado y después como titular, el Mtro. Eduardo Diazmuñoz.

Todo sonaba mejor bajo la excelencia de su dirección.   El año 2000 fue especialmente pródigo.   La OBC grabó  su primer álbum: «Tango mata Danzón».   El álbum fue nominado al Grammy Latino en la categoría «Mejor Álbum Clásico» e incluía mi Concierto del Sur al Norte y mi arreglo del Homenaje a Lieja, de Astor Piazzolla.

El 10 de septiembre del año 2001 en la cena de recepción a los nominados recibimos nuestras respectivas medallas: Eduardo como director de orquesta y co-productor artístico;  Roberto como intérprete y productor ejecutivo y yo como compositor, arreglista y co-productor artístico.

No creo necesario explicar por qué el 11 de septiembre del 2001 se suspendió la ceremonia de premiación”.

Así terminó Alberto Núñez Palacio esta penúltima epístola de su caminar y accionar musical, que en muchas ocasiones lo hizo llegar a Tijuana, un pedazo de tierra mezclada en todos los sentidos, que lo llevó en conjunto con Roberto Limón y con la emblemática OBC a una nominación prodigiosa al Grammy, cosa que nadie en esta Tijuana, fuera de artistas masivamente populares han logrado.

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