El anterior, debe presentar una probabilidad de estadísticas clara sobre cuántas personas podrían beneficiarse de todas las actividades que la FLT engloba, sobre todo considerando que ha habido ediciones anteriores con resultados tangibles, tanto económicos, como en impacto social.
Pareciera pues, que el Ayuntamiento de Tijuana no comprende bien a bien la función del arte y la cultura a partir de lo institucional, encaminando a la Feria del Libro de Tijuana a un proyecto particular subsidiado fríamente por SEDETI, donde el pulso tensor de la participación ciudadana en ámbitos culturales y artísticos queda relegado a la comprobación de lo que en términos económicos se gaste, y no, a la importancia de la participación ciudadana de manera organizada, cuyo principal gane está en el consumo literario, así como en el fomento al hábito de la lectura, arropada por otras dinámicas artísticas vinculadas a la práctica literiaria ya sea escrita o lectora y acciones de análisis; todas actividades de gran valía.
Así que, para cumplir con la instrucción del alcalde de Tijuana, Ismael Burgueño Ruiz, de «impulsar espacios de promoción cultural y fomento a la lectura» se debería empezar por lograr, un presupuesto digno tanto para la FLT, como a la apertura programática de 2026 con la que debe contar el IMAC y la Secretaría de Cultura de Tijuana, a través del cual se garantice de manera real, el impulso a proyectos que fortalezcan la cultura municipal, mediante actividades que promuevan la participación ciudadana y la convivencia comunitaria; porque cultura institucional, sin participación ciudadana, no es cultura.









